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26 / 06 / 2017

El cuento de la criada: libro vs. serie

La distopía creada por Margaret Atwood en 1985 vuelve a estar de actualidad a raíz del estreno de la serie.

El cuento de la criada: libro vs. serie

Apresurarse a decir aquello de el libro es mejor, se ha convertido en un cliché. Una frase manida que resulta pretenciosa, cargante y propia de un Sánchez Dragó que se aferra con pedantería a aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor. Por eso a los tópicos es mejor no hacerles caso pero, ya sea por simple estadística, en ocasiones tienen razón. Y en el caso de los libros, adaptación y expectativas no suelen ir de la mano.

No es un prejuicio. Así como desconfío de los que sólo citan libros que tienen su equivalente cinematográfico (sospechoso, cuanto menos), suelo ser optimista con las adaptaciones en formato serie. Porque es imposible condensar cientos de página en una hora y media, pero en una temporada (o dos), las posibilidades mejoran; y nadie se opone a prolongar un entretenimiento.

Tampoco se trata de equipararlos tal cual, pues televisión y libros llevan ritmos diferentes. En los últimos, el tiempo juega a su favor; ya que leer es un proceso pausado que, sin perder emoción o intriga, permite un acercamiento más profundo a la trama. Y cuenta con el punto extra de dejar una parte a la libre imaginación del lector. El cine, por su parte, tiene todo lo demás: música, iluminación, efectos especiales, actores… Ingredientes que, bien combinados, dan mucha más ventaja. Sin embargo, tanto la pequeña como la gran pantalla tienden a subestimar al espectador, abusando de las aclaraciones y el posterior regurgitado, que da como resultado un puré bastante irreconocible.

En el proyecto de Hulu, la trama original ha sido despedazada y vuelta a unir con prisas y barnices extraños. Alterar el orden de algunos de los acontecimientos sería algo comprensible, pero en este caso, el nuevo planteamiento anula todo el misterio que desprende el libro. Porque hay puntos clave que requieren un recorrido, hace falta un contexto para comprender los matices de lo que está pasando. O de lo contrario se convierte en una versión bastante libre de la idea de Atwood. Empezando por sus personajes, que son jóvenes y guapos cuando no toca, lo que resta turbiedad a las escenas.

De esta forma, encontramos un escenario donde Estados Unidos ha pasado a ser una teocracia fanática. Tras asesinar al presidente y disolver las Cámaras, los nuevos líderes irán reduciendo progresivamente los derechos de las personas hasta establecer un nuevo sistema de clases. La sociedad que origina este golpe de estado será bautizada como República de Gilead y en ella, se limitará el papel de las mujeres, dejando a aquellas que no son esposas de los Comandantes, relegadas a las labores del hogar (las Martas) y la reproducción (las Criadas). Aquellas que por edad o rebeldía no encajan en ninguno de estos dos servicios, pasan a ser consideradas No-mujeres y son desterradas, usadas como mano de obra en un entorno contaminado que disminuye su esperanza de vida.

Siento que la serie no ha conseguido transmitir esto de un modo tan efectivo como el libro. Pese a contar con recursos para ello, a los creadores les han podido más las prisas que el conseguir la ambientación adecuada. Obvian el hecho de que estas mujeres apenas puedan tener contacto visual o como hace años que nadie las toca, cuando es esa mezcla de falta de piel y sensación de invisibilidad lo que más las daña. “¿Quién me censuraría por desear un cuerpo verdadero para rodearlo con mis brazos? Sin él también yo soy incorpórea”, se plantea su protagonista. Una necesidad primaria pero vital que se vuelve algo anecdótico en la serie, donde la represión parece más un protocolo a elegir que una verdadera imposición.

Lo que convierte esta obra en algo tan actual, pese a ser una historia de ficción, es que no cuenta nada que no haya ocurrido antes. “ El cuento de la criada se nutrió de muchas facetas distintas”, explica la escritora. “ Ejecuciones grupales, leyes suntuarias, quema de libros, el programa Lebensborn de la SS y el robo de niños en Argentina por parte de los generales, la historia de la esclavitud, la historia de la poligamia en Estados Unidos… La lista es larga”. Momentos devastadores pero reales, recopilados en el mismo plano temporal. Por eso, en estos días donde los nacionalismos se disfrazan de solución y vence la desconfianza con los movimientos de Trump o el Brexit; donde el cuerpo de la mujer sigue siendo objeto de debate a causa del aborto o los vientres de alquiler; y donde el estado del bienestar se difumina a golpe de privatización y recortes, es importante volver a El cuento de la criada. Tal vez la serie de un vuelco subversivo a sus protagonistas, pero la novela de Atwood, aunque no tiene la intención de ser profética, lanza una advertencia mucho más real. Ninguno querríamos que algo así pasase y confiamos en ese pensamiento, pero se trata de una creencia envuelta en deseo. La misma que otros muchos antes que nosotros, tuvieron y para los que reaccionar, llegó demasiado tarde.

 

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El cuento de la criada en Babel

 

 

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