[...] En muchos mundos campesinos, era costumbre detener los relojes y cubrir los espejos en una casa en la que alguien acababa de morir... Frente a la economía política de la muerte, que nos confina y nos aísla cada día más, detener los relojes y cubrir los espejos se impone ahora como el saludable gesto a partir del cual se haría posible que nos construyamos mundos habitables.